Crónica de Campaña #5 – Adentrándose en las Minas fúngicas

En anteriores aventuras de la Brigada, nuestros héroes habían decidido viajar a las montañas que dividen Ardara en busca del barco que acabó encajado en la roca tras un hechizo de teletransporte fallido en la sesión 0’5 de Ordau’r y Rylan.

Les habíamos dejado acampando en una cueva, siendo rodeados por una tribu de kobolds.

Había dos opciones con el grupo de Kobolds, que dialogaran con ellos o que se enfrentasen a ellos en sangriento combate. La mayoría de la party realmente prefería la opción del dialogo (con la notable excepción de Ordau’r, que pensaba que podían aplastarles sin problemas) especialmente encabezados por Rylan, que estaba demostrando el desmedido amor por los pequeños escamosos que caracteriza a Patri, la jugadora detrás del paladín.

Este es un caso excelente de animar a los jugadores a pasárselo bien. Patri estaba tratando de no “meta jugar” su aprecio por las pequeñas criaturas, ya que Rylan no tenía ninguna razón para adorar a los pequeñines, a pesar de que ella lo hace.

En ese momento paré y anime a la jugadora a que buscase una razón para Rylan amase desmedidamente a los Kobolds y pudiese rolear lo que su corazón le pedía.

La interacción don los Kobolds, sin embargo, fue cortada rápidamente cuando Ordau’r abrió la conversación con el líder de las criaturas con un “Larga vida al Tirano Dorado”, básicamente el equivalente draconico a saludar con un “Viva Franco”. 

Como con ese franquista saludo, según a quien se lo digas, la reacción es distinta, la apuesta estaba clara. Tuvo mal juicio, pues los kobolds no se tomaron demasiado bien esa referencia al tirano y atacaron.

Tras un par de sufridas rondas de combate en las que los héroes empezaban a temer por sus vidas por que no habían conseguido terminar el descanso que estaban tratando de conseguir* Ordaur hizo uso de su arma de aliento innata, liberando una voluta de gas venenoso que hizo parar la pelea.

No hay nada como una emboscada de unas criaturas teóricamente débiles pero con un buen dominio de las tácticas mas básicas para meterle el miedo en el cuerpo a una party. Solo los mas sajarajas querrán ver un combate continuar hasta sus ultimas consecuencias cuando se encuentran rodeados y sin escapatoria evidente.  Para este encuentro apenas utilicé 5 Guardianes de la escama, un chaman Kobold y 6 o 7 kobolds básicos.

La batalla paró por que estos kobolds son siervos de un Dragón verde que habita en esas montañas, y respetan por principio, a quien lleva la sangre de su señor.

Tras un tenso dialogo, la brigada informó a los Kobolds de que venían a buscar al mago. Costó un poco, pero consiguieron averiguar que algunos kobolds habían llevado el cuerpo del mago a su dracónico señor para que sirviese de aperitivo, mascota o tesoro.

También les contaron que las minas se encontraban en plena tregua de un conflicto que llevaba meses fraguandose. Les contaron que hacia unos meses habían cavado una nueva galería que había dado pie a una nueva sección de cueva, desde la que había entrado un ser al que se refirieron como “la reina de la podredumbre”.

La reina de la podredumbre y el dragón habían luchado, y aunque no había un ganador claro, el dragón había quedado gravemente herido.

La brigada saco algo mas de infromación interrogando a los kobolds, como que los micónidos que habitaban las minas antes eran pacíficos y que no atacaron hasta la llegada de la reina y que esta individua era capaz de comandar purulentos espectros.

Los Kobolds aceptaron guiarles por las laberínticas minas siempre y cuando prometieran acabar con la reina que amenazaba a su señor (A la que describieron como una mujer élfica, con serpientes muertas como pelo y de piel gris verdoso).

Los personajes aceptaron el trato y fueron escoltados hasta la entrada, pues por el camino se dedicaron a hablar entre ellos sobre como podrían traicionar a los Kobolds y haber lo que les diese la gana en cualquier momento. Fue ahí cuando los pequeños escamosos los abandonaron a su suerte.

Decidieron entrar por el barco encallado en la montaña, pues Ordau’r y Rylan habian dejado una escala colgada cuando salieron corriendo de alli. Durante el ascenso, tuvieron un breve encontronazo con un espectro pestilente al servicio de la reina de la podredumbre que fue fácilmente resuelto por el “canalizar divinidad” de Shelvar, el clérigo de la forja.

Ese encuentro fue un poco decepcionante para mi, pues pensaba que les costaría mas superarlo y que el espectro, con la movilidad propia de alguien que puede volar donde los personajes solo pueden subir por la escala se las haría pasar canutas, pero me consolé con que habían gastado un valioso recurso si decidían enfrentarse a la reina antes de realizar un descanso.

Sortearon una bolsa de esporas flotante con aspecto de contemplador sin demasiado problema y se adentraron en las grutas cubiertas de suelo a techo de micelio, formaciones fúngicas y mohos varios.

No tardaron en ser emboscados por un grupo de micónidos en un pasillo estrecho, en lo que probablemente fue el peor diseño de encuentro que he hecho en mucho tiempo.

La idea tras la emboscada era que se sintiese agobiante y claustrofobica, con micónidos asaltándoles por la retaguardia y el frontal, sin posibilidades de maniobra. Sin embargo, en apenas una maniobra ambos frentes estaban cubiertos por Rylan y Garret y los tres miembros mas frágiles del grupo pudieron simplemente bombardear a las criaturas desde la lejanía.

Lo que tendría que haber hecho (y hice en la siguiente sesión) es darle a los micónidos una opción de movimiento a través de la pared llena de setas y micelio en la que se estaban escondiendo. De esa manera, podría haber distraído a los guerreros con un asalto evidente antes de lanzarme a por los lanzadores de magia del centro.

Tras evitar que uno de los micónidos huyese a avisar al resto descubrieron que el camino que habían tomado llevaba al pueblo de los mismos, y decidieron no cruzar un bosque de setas lleno de miconidos hostiles.

Retrocedieron pues y descendieron por una resbaladiza pendiente, como un tobogán, directos a uno de mis conceptos favoritos: la trampa natural.

La trampa natural es una trampa, en el termino mas dungeonero de la palabra, que nadie ha montado ni preparado. Solo es una situación que, por sus condiciones, es mas peligrosa que el resto de su entorno.

En este caso, una hondonada en la cueva causada por un arollo había creado una cámara unos 20 pies por debajo de los túneles por los que caminaban los personajes.

En esa cámara con solo dos entradas (por donde los personajes bajaron y por donde venía el riachuelo) crecían unos hongos que, como parte de su metabolismo descomponiendo heces y restos de cadáveres, liberan al ambiente un gas venenoso mas denso que el aire.

Una vez en la sala, los personajes no pueden respirar, y la única forma de salir y avanzar es por la resbaladiza pendiente por la que baja el riachuelo. Para echar algo de sal a la herida incluí a tres “Piercers” que cayeron sobre la Brigada para darle mas peligro a la situación.

Sin embargo no me di cuenta de lo pochas que son estas criaturas, que si no te matan en el primer intento no son capaces de mucho y se libraron de ellas sin tanto problema. Sin embargo, para Alice, la menos atlética del grupo, escalar la pendiente fue todo un desafío, y mas sin respirar.

Después de un par de hechizos de levitar y unas cuantas cuerdas, insistencias de “yo no subo hasta que tu no subas” y tiradas de salvación, consiguieron remontar el riachuelo, y encontrar, al final de una bifurcación del mismo, la laguna subterranea que, según los kobolds, guardaba el paso a la guarida del dragón Girthis.

Enrtre Garret y Shelvar repararon la balsa que los Kobolds utilizaban para transportar sus ofrendas al dragón y tras practicar su puntería contra las múltiples esferas de esporas que flotaban sobre la laguna, cruzaron remando en silencio hacia la guarida del dragón.

Y así terminó la sesión, con ellos apunto de poner pie en la guarida de un dragón, siendo nivel 3, y tras una exploración de mazmorra algo mejorable en muchos aspectos.

La siguiente sesión, sin embargo, fue intensa y llena de grandes momentos y alguna sorpresa, así que andar atentos a la crónica de la semana que viene.

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