Pastor de Pensamientos

El centurión Tito Petro Verinus estaba confuso. 

Recordaba las ordenes de su comandante: Escoltar al extraño grupo de recién llegados a las alcantarillas de Gostakor y asegurarse de que no hacían nada estúpido. Recordaba haber seguido su rutina matutina preparar su armadura, afilar sus armas, preparar café, recoger el campamento, recorrer el perímetro, escuchar los informes de la ultima guardia…

Apenas habían caminado un par de horas por los caminos de Gostakor cuando las dudas comenzaron a brotar entre el grupo de recién llegados. ¿Quien se había quedado guardando el campamento? Clarice, sin duda. Aunque… No recordaba haberle pedido los informes de la ultima guardia a la Draconida…

Algo no encajaba y el centurión accedió a deshacer el camino y comprobar que todo estaba en orden en el campamento. 

Esto había sido hace unas horas. Ahora Verinus se encogía tras su escudo tratando de evitar los deformes brazos de una bestia mutante mientras trataba de entender que estaba pasando. 

Al llegar al campamento las formas de sus acompañantes se habían retorcido, sus brazos y músculos deformandose hasta desgarrar la piel y la armadura, no dejando rastro alguno de escama, pelo o pluma, convirtiéndose en abominaciones. Estaba claro que todo había sido una trampa. 

Con un barrido de su espada consiguió derribar a uno, pero antes de que pudiese rematar a la criatura, unos negros tentáculos surgieron del suelo, inmovilizandole. Otra de las bestias le había hecho su prisionero… Este era su final…

En ese instante de desesperación una oleada de nausea pasó a través de Verinus, la realidad a su alrededor cambiando frente a sus propios ojos. Los tentáculos transformándose en cadenas de luz divina, la criatura derribada recuperando su familiar forma dracónida y su captor mirándole preocupado, ya no un monstruo abisal, si no el simpático sacerdote kenku con el que había compartido campamento. 

Tras ellos, el líder del grupo, un peludo caballero de ascendencia gigante se batía contra una criatura tentacular de piel pálida y enfermiza, que flotaba eterea usando sus relucientes tentáculos para tocar una flauta de aspecto extraterrestre. Una miradía de hebras translucidas de energía azulada orbitando entorno a la criatura.

La disciplina militar de Verinus se sobrepuso, y cargó contra el monstruo, espada en alto. Apenas pudo cortarle, pero en su esfuerzo, su mano atravesó una de las hebras. En ese momento su mente se vio inundada por un recuerdo cristalino, un recuerdo propio. Algo que había olvidado y ahora recordaba. 

Se trataba de un recuerdo sencillo. Un recuerdo insustancial, una conversación con un amigo… Al final de la conversación se podía escuchar una melodía extraterrena e inquietante.  Verinus supo que la criatura se lo había robado. 

El centurión dejo caer su espada y se aferro a una de sus jabalinas mientas la realidad volvía a derretirse a su alrededor.

Ahora estaba preparado. Nadie juega con la mente de Tito Petro Verinus y vive para contarlo. 

Pastor de pensamientosComo siempre aquí tenéis a la criatura en versión PDF

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